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Thursday, September 25, 2025



.𝐌𝐔𝐉𝐄𝐑𝐄𝐒, 𝐂𝐔𝐋𝐓𝐔𝐑𝐀 𝐘 𝐇𝐔𝐌𝐀𝐍𝐈𝐒𝐌𝐎: 𝐋𝐎𝐒 𝐏𝐈𝐋𝐀𝐑𝐄𝐒 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐏𝐀𝐙 𝐒𝐄𝐆Ú𝐍 𝐋𝐀 𝐃𝐑𝐀. 𝐂𝐋𝐀𝐔𝐃𝐈𝐀 𝐇𝐄𝐑𝐄𝐃𝐈𝐀 𝐘 𝐀𝐙𝐈𝐙 𝐌𝐎𝐔𝐍𝐓𝐀𝐒𝐒𝐈𝐑.




 • 𝐋𝐚 𝐬𝐢𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐫ó𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐠𝐫𝐚𝐦𝐚 “𝐌𝐚𝐫𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐄𝐱𝐩𝐞𝐫𝐭𝐨𝐬 𝐆𝐥𝐨𝐛𝐚𝐥” 𝐬𝐞 𝐞𝐧𝐦𝐚𝐫𝐜𝐚 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐞𝐱𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐨𝐬𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐌é𝐱𝐢𝐜𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐎𝐍𝐔, 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐜𝐚𝐧𝐜𝐢𝐥𝐥𝐞𝐫 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝐑𝐚𝐦ó𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐅𝐮𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐡𝐚 𝐟𝐢𝐣𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢ó𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐏𝐚í𝐬. 𝐄𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐦𝐚𝐫𝐜𝐨, 𝐥𝐚 𝐏𝐫𝐞𝐬𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐂𝐥𝐚𝐮𝐝𝐢𝐚 𝐒𝐡𝐞𝐢𝐧𝐛𝐚𝐮𝐦 𝐫𝐞𝐚𝐟𝐢𝐫𝐦ó 𝐪𝐮𝐞 𝐌é𝐱𝐢𝐜𝐨 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐞𝐧𝐝𝐫á 𝐬𝐮 𝐩𝐨𝐥í𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐞𝐱𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐧𝐨 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐯𝐞𝐧𝐜𝐢ó𝐧, 𝐫𝐞𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐞 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐚𝐥 𝐄𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐏𝐚𝐥𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐚𝐥 𝐄𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐈𝐬𝐫𝐚𝐞𝐥, 𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐚í𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐧𝐮𝐚𝐫á 𝐩𝐫𝐨𝐦𝐨𝐯𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐳 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐩𝐫𝐢𝐧𝐜𝐢𝐩𝐢𝐨 𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫.


Monterrey, Nuevo León, México, 23 de septiembre de 2025.- En una edición especial del programa “Martes de Expertos Global” con motivo del Día Internacional de la Paz, la Doctora mexicana Claudia Heredia González tuvo una conversación con el excelentísimo Aziz Mountassir Mohamed, presidente del Foro Internacional para la Creatividad y la Humanidad en Marruecos.  


Este encuentro, una verdadera crónica de la humanidad, y transmitido por medio del Facebook de Vive Mejor Ciudadano AC, destacó la importancia de la cultura y la educación como pilares para construir la paz, mostrando cómo el diálogo puede tender puentes entre continentes y culturas. 


El diálogo, conducido en árabe por la Dra. Heredia —quien es también Embajadora por la Paz— y con el apoyo en la traducción de la Maestra Fátima  Atoulid, subrayó la visión de Mountassir: la cultura no es un lujo, sino un puente de comunicación y una herramienta para sanar heridas.  


Desde su perspectiva, valores como la justicia, la tolerancia, la compasión y el diálogo son esenciales para alcanzar una paz duradera. Resaltó el papel fundamental de las mujeres como “piedra angular” en la edificación de la paz, siendo las primeras educadoras de virtudes en la familia. 


𝐔𝐧 𝐌𝐞𝐧𝐬𝐚𝐣𝐞 𝐝𝐞 𝐅𝐫𝐚𝐭𝐞𝐫𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐔𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝


El invitado, con una destacada trayectoria como Embajador de la Paz y la Humanidad, ofreció una profunda reflexión desde Marruecos. En su mensaje para América, Mountassir recordó que el océano que los separa es, al mismo tiempo, el puente que los une. Instó a transformar las diferencias en riqueza compartida y a alzar juntos la bandera de la humanidad, enfatizando que un futuro seguro se construye con la paz. 


Para él, la paz en Marruecos no es solo la ausencia de conflictos, sino un estilo de vida basado en la convivencia y el respeto mutuo. Considera que la posición geográfica del país, como puente entre África y Europa, ha forjado una rica experiencia humana en la convivencia pacífica.  


Subrayó que la interculturalidad es un pilar fundamental, viendo la diversidad de culturas, religiones e idiomas como una oportunidad para tender puentes. 


𝐀𝐦é𝐫𝐢𝐜𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐌𝐨𝐝𝐞𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐏𝐚𝐳


Aziz Mountassir también expresó su admiración por la visión de la paz en el continente americano. Reconoció que muchas de sus sociedades han logrado superar conflictos históricos para construir modelos de democracia, justicia social y convivencia.  


Desde su perspectiva, América puede servir de modelo y referencia para el diálogo entre civilizaciones, inspirando al mundo entero a avanzar hacia un futuro más justo y pacífico. Concluyó reafirmando su creencia en el arte y la cultura como el puente del alma humana, capaz de superar barreras políticas y económicas para sembrar semillas de amor. 


Este evento forma parte de la iniciativa de la Universidad de la Ciudadana Global, un proyecto educativo que busca promover valores de paz y justicia, capitaneado por mujeres para mujeres y todas las personas. El diálogo entre la Dra. Heredia y Aziz Mountassir es un ejemplo concreto de cómo la educación y las alianzas culturales son vehículos poderosos para construir un mundo mejor.



 Respuesta:


La paz, desde nuestra perspectiva en Marruecos, en el norte de África, no es simplemente la ausencia de guerras y conflictos, sino un estilo de vida basado en valores de convivencia, respeto mutuo y reconocimiento del otro. La posición geográfica de Marruecos, como puente entre África y Europa, y su apertura histórica a múltiples civilizaciones, lo han convertido en un espacio rico en experiencia humana en materia de convivencia pacífica, diversidad cultural y aceptación de la diferencia.


Como Presidente del Foro Internacional para la Creatividad y la Humanidad, afirmo que la interculturalidad en nuestra región constituye un pilar fundamental para promover los valores de la paz. La diversidad de culturas, religiones e idiomas no es motivo de separación, sino una oportunidad para tender puentes, intercambiar experiencias y consolidar una cultura humana basada en la creatividad compartida y el respeto mutuo.


En cuanto a nuestra visión de la paz en el continente americano, representa una experiencia importante que puede inspirar al mundo entero. Numerosas sociedades allí han logrado superar una historia de conflictos para construir modelos de democracia, justicia social y convivencia entre pueblos de distintos orígenes. Desde esta perspectiva, América puede ser un modelo y una referencia para el diálogo entre civilizaciones y para avanzar hacia un mundo más justo y pacífico.


Y puesto que creo firmemente que la cultura y el arte son el puente del alma humana, los lazos culturales entre los pueblos son capaces de superar las barreras políticas y económicas. El arte es un lenguaje universal que no necesita traducción, toca los corazones y siembra semillas de amor. Por ello, considero que el fortalecimiento del intercambio cultural y el apoyo a la creatividad artística compartida pueden ser un medio eficaz para difundir la paz, incluso en las regiones más conflictivas, incluida la región de Medio Oriente, donde todos necesitamos la voz de la cultura y la humanidad para enfrentar las voces de la violencia y la división.



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Respuesta:


Como Embajador por la Paz y miembro del Cuerpo Internacional de Paz, además de escritor y poeta, creo que el mensaje que el mundo debe abrazar para construir la paz entre todos y todas es un mensaje de amor y dignidad humana. Debemos adoptar un discurso que enaltezca el valor de la vida, que convierta la diferencia en fuente de riqueza y no de conflicto, y que reafirme que la humanidad es una sola familia cuyo único camino de salvación es la unidad y la solidaridad.


En cuanto a lo que debemos “coleccionar” como individuos y comunidades alrededor del mundo, no son ni el oro ni las riquezas materiales, sino los valores nobles: la tolerancia, la sinceridad, la justicia, la compasión y el amor al bien. Reunir y legar estos valores es la mayor obra de arte que puede realizar la humanidad contemporánea, porque la paz no es un simple lema, sino una herencia transmitida de generación en generación.


Como escritor y periodista a través del medio Akhbar7 en mi país, considero que la prensa escrita desempeña un papel fundamental en el servicio de los grandes fines de la paz. El periodismo no es sólo transmitir noticias, sino una responsabilidad ética para iluminar las conciencias, difundir la conciencia crítica y combatir los discursos de odio, extremismo y discriminación. La palabra puede ser un arma para la destrucción o un puente para la construcción; y los medios tienen la responsabilidad de elegir el camino que honra la dignidad humana.


En cuanto a las personalidades que han inspirado mi trayectoria en el servicio de la paz, son muchas las figuras humanistas:


Mahatma Gandhi, arquitecto espiritual de la paz, quien demostró que la no violencia es más fuerte que las armas.


Nelson Mandela, quien transformó el sufrimiento de su pueblo en una lección universal de libertad y reconciliación.


Gibran Khalil Gibran, el escritor que convirtió la palabra en un puente entre Oriente y Occidente.


Así como sabios y poetas a lo largo de la historia que convirtieron sus plumas en voces de justicia y misericordia.



Todos ellos han sido, y siguen siendo, faros que iluminan mi camino para hacer de la paz mi máxima meta, y de la creatividad, el medio supremo para servir a la humanidad.



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Respuesta:


En primer lugar, considero que el legado más importante que aporto en mi carrera como gestor cultural y portavoz de la paz desde Marruecos hacia el mundo, es consolidar la idea de que la cultura no es un lujo, sino un puente de comunicación humana, un medio para sanar heridas y construir esperanza compartida. La cultura y el arte son un lenguaje universal que une corazones y permite al ser humano trascender las fronteras políticas y las diferencias ideológicas hacia una sola humanidad.


En segundo lugar, desde mi experiencia como Embajador de la Cultura y la Paz, creo que los altos valores que debemos retomar como humanidad y sociedad global son:


La justicia, fundamento de la estabilidad.


La tolerancia, camino de convivencia.


La compasión, espíritu de la humanidad.


El diálogo, vía de reconciliación.



Si volvemos a sembrar estos valores en la conciencia de los individuos y de los pueblos, reencontraremos el camino hacia una paz justa y duradera.


En cuanto al papel de la mujer y de la educación, considero que la mujer es la piedra angular en la construcción de la paz. Ella es la primera transmisora de valores en la familia y la educadora de virtudes. Ninguna sociedad puede alcanzar la paz mientras excluya la mitad de su energía humana. Asimismo, la educación desde la infancia es la base; en la medida en que sembremos en los corazones de los niños y niñas valores de diálogo, tolerancia y solidaridad, formaremos generaciones capaces de transformar los conflictos en oportunidades y las diferencias en una fuerza positiva.


Finalmente, mi mensaje desde Marruecos al continente americano es un mensaje de fraternidad y unidad humana:

Para fraternizarnos en espíritu de unidad por la paz, debemos recordar que el océano que nos separa es, al mismo tiempo, el puente que nos une. Transformemos nuestras diferencias en riqueza compartida y alcemos juntos la bandera de la humanidad, convencidos de que el futuro seguro solo puede construirse con la paz, y que la tierra tiene espacio para todos en el amor y la cooperación.


  Respuestas 


1. ¿Cuál es el legado más importante que usted considera abandera con su carrera como gestor cultural  y portavoz de la paz desde Marruecos para el mundo?

El legado más importante que deseo entregar al mundo, desde mi condición de agente cultural y portavoz de la paz, es la certeza de que la cultura constituye el idioma universal de la humanidad. Mi vida y mi obra se han tejido en la convicción de que el arte, la poesía y la palabra escrita son instrumentos capaces de redimir el alma humana, incluso en los contextos más oscuros y violentos. Desde Marruecos, tierra que durante siglos fue encrucijada de civilizaciones, he querido proclamar que la paz no es un destino lejano, sino un camino que se construye día a día a través del respeto mutuo, la memoria histórica y la celebración de la diversidad. Ese es el legado que deseo dejar: un testimonio de esperanza que trascienda mi propia voz y se convierta en patrimonio espiritual de las futuras generaciones.



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2. Desde su experiencia como Embajador de la Cultura y la Paz ¿Qué altos valores, debemos retomar como humanidad y sociedad global, para retomar el sendero de la paz?

La humanidad entera, si desea reencontrar la senda luminosa de la paz, debe volver a beber de los manantiales de los valores primordiales que hoy parecen olvidados. Debemos rescatar la justicia como la base sólida de toda convivencia, porque sin justicia no hay armonía verdadera; debemos restaurar la dignidad como principio irrenunciable de cada ser humano, pues allí donde la dignidad es pisoteada florecen la violencia y el rencor; y debemos abrazar la fraternidad como horizonte, recordando que todos somos ramas de un mismo árbol y que el dolor de un pueblo no es un dolor lejano, sino una herida que lacera a toda la humanidad. Sólo en este retorno consciente a los valores eternos podremos levantar una paz duradera, que no se limite a los acuerdos y tratados, sino que habite en el corazón de cada persona.



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3. ¿Cuál considera el trabajo de las mujeres, en la construcción de paz, y el papel de la educación desde los niños, niñas y adolescentes, para forjar un mundo pro pacificación y reconciliación en las regiones de conflicto?

Las mujeres desempeñan un papel absolutamente esencial en la construcción de la paz. No son únicamente víctimas silenciosas de la guerra, sino pilares activos de reconciliación y de sanación. Su voz, tejida de ternura y firmeza, encarna la posibilidad de transformar la herida en semilla y la pérdida en esperanza. Allí donde los ejércitos destruyen, la mujer reconstruye; donde el odio separa, ella convoca a la unidad.

Por otra parte, la educación representa el arma más poderosa y luminosa para desarmar la violencia en su raíz. La niñez y la adolescencia constituyen el terreno fértil donde sembramos las semillas de una nueva cultura de paz. Si enseñamos a nuestros hijos el valor del diálogo, la memoria del sufrimiento y la belleza de la diversidad, ellos crecerán como generaciones capaces de reemplazar la espada por la palabra, y el rencor por el abrazo. Así, mujeres y jóvenes se erigen en los arquitectos indispensables de un mundo reconciliado.



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4. ¿Qué mensaje le deja usted desde Marruecos, a América para fraternizarnos en espíritu de unidad por la paz?

Desde Marruecos, nación que ha sido testigo de mil batallas y de infinitos mestizajes, envío a América un mensaje de profunda fraternidad: que los mares que nos separan no sean vistos como abismos, sino como caminos de agua que nos tienden sus manos  para unirnos. América, con su inmensa diversidad, y África, con su ancestral sabiduría, son dos espejos que al mirarse pueden descubrir un destino común: la paz como proyecto universal.

Invito a América a reconocernos en nuestra mutua humanidad, a sentir que las luchas de un pueblo no pertenecen solo a sus fronteras, sino a la historia compartida de toda la especie humana. Sólo desde este espíritu de unidad podremos erigir una paz sólida, que no sea la obra de un solo continente, sino el fruto de un concierto global de voluntades, donde cada voz, cada cultura y cada memoria, contribuyan al canto inmortal de la reconciliación.

[24/09 08:32] Ana Benegas Haddad - Psicóloga para la M: C/ Respuesta:


La paz, desde nuestra perspectiva en Marruecos, en el norte de África, no es simplemente la ausencia de guerras y conflictos, sino un estilo de vida basado en valores de convivencia, respeto mutuo y reconocimiento del otro. La posición geográfica de Marruecos, como puente entre África y Europa, y su apertura histórica a múltiples civilizaciones, lo han convertido en un espacio rico en experiencia humana en materia de convivencia pacífica, diversidad cultural y aceptación de la diferencia.


Como Presidente del Foro Internacional para la Creatividad y la Humanidad, afirmo que la interculturalidad en nuestra región constituye un pilar fundamental para promover los valores de la paz. La diversidad de culturas, religiones e idiomas no es motivo de separación, sino una oportunidad para tender puentes, intercambiar experiencias y consolidar una cultura humana basada en la creatividad compartida y el respeto mutuo.


En cuanto a nuestra visión de la paz en el continente americano, representa una experiencia importante que puede inspirar al mundo entero. Numerosas sociedades allí han logrado superar una historia de conflictos para construir modelos de democracia, justicia social y convivencia entre pueblos de distintos orígenes. Desde esta perspectiva, América puede ser un modelo y una referencia para el diálogo entre civilizaciones y para avanzar hacia un mundo más justo y pacífico.


Y puesto que creo firmemente que la cultura y el arte son el puente del alma humana, los lazos culturales entre los pueblos son capaces de superar las barreras políticas y económicas. El arte es un lenguaje universal que no necesita traducción, llega los corazones y siembra semillas de amor. Por ello, considero que el fortalecimiento del intercambio cultural y el apoyo a la creatividad artística compartida pueden ser un medio eficaz para difundir la paz, incluso en las regiones más conflictivas, incluida la región de Medio Oriente, donde todos necesitamos la voz de la cultura y la humanidad para enfrentar las voces de la violencia y la división.



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Respuesta:


Como Embajador por la Paz y miembro del Cuerpo Internacional de Paz, además de escritor y poeta, creo que el mensaje que el mundo debe abrazar para construir la paz entre todos y todas es un mensaje de amor y dignidad humana. Debemos adoptar un discurso que enaltezca el valor de la vida, que convierta la diferencia en fuente de riqueza y no de conflicto, y que reafirme que la humanidad es una sola familia cuyo único camino de salvación es la unidad y la solidaridad.


En cuanto a lo que debemos “coleccionar” como individuos y comunidades alrededor del mundo, no son ni el oro ni las riquezas materiales, sino los valores nobles: la tolerancia, la sinceridad, la justicia, la compasión y el amor al bien. Reunir y legar estos valores es la mayor obra de arte que puede realizar la humanidad contemporánea, porque la paz no es un simple lema, sino una herencia transmitida de generación en generación.


Como hombre de la palabra escrita y periodista a través del medio Akhbar7 en mi país, considero que la prensa escrita desempeña un papel fundamental en el servicio de los grandes fines de la paz. El periodismo no es solo transmitir noticias, sino una responsabilidad ética para iluminar las conciencias, difundir la conciencia crítica y combatir los discursos de odio, extremismo y discriminación. La palabra puede ser un arma para la destrucción o un puente para la construcción; y los medios de comunicación tienen la responsabilidad de elegir el camino que honra la dignidad humana.


En cuanto a las personalidades que han inspirado mi trayectoria en el servicio de la paz, son muchas las figuras humanistas:


Mahatma Gandhi, arquitecto espiritual de la paz, quien demostró que la no violencia es más fuerte que las armas.


Nelson Mandela, quien transformó el sufrimiento de su pueblo en una lección universal de libertad y reconciliación.


Gibran Khalil Gibran, el escritor que convirtió la palabra en un puente entre Oriente y Occidente.


Así como sabios y poetas a lo largo de la historia que convirtieron sus plumas en voces de justicia y misericordia.



Todos ellos han sido, y siguen siendo, faros que iluminan mi camino para hacer de la paz mi máxima meta, y de la creatividad, el medio supremo para servir a la humanidad.



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Respuesta:


En primer lugar, considero que el legado más importante que porto en mi carrera como agente cultural y vocero de la paz desde Marruecos hacia el mundo, es consolidar la idea de que la cultura no es un lujo, sino un puente de comunicación humana, un medio para sanar heridas y construir esperanza compartida. La cultura y el arte son un lenguaje universal que une corazones y permite al ser humano trascender las fronteras políticas y las diferencias ideológicas hacia una sola humanidad.


En segundo lugar, desde mi experiencia como Embajador de la Cultura y la Paz, creo que los altos valores que debemos retomar como humanidad y sociedad global son:


La justicia, fundamento de la estabilidad.


La tolerancia, camino de convivencia.


La compasión, espíritu de la humanidad.


El diálogo, vía de reconciliación.



Si volvemos a sembrar estos valores en la conciencia de los individuos y de los pueblos, reencontraremos el camino hacia una paz justa y duradera.


En cuanto al papel de la mujer y de la educación, considero que la mujer es la piedra angular en la construcción de la paz. Ella es la primera transmisora de valores en la familia y la educadora de virtudes. Ninguna sociedad puede alcanzar la paz mientras excluya la mitad de su energía humana. Asimismo, la educación desde la infancia es la base; en la medida en que sembremos en los corazones de los niños y niñas valores de diálogo, tolerancia y solidaridad, formaremos generaciones capaces de transformar los conflictos en oportunidades y las diferencias en una fuerza positiva.


Finalmente, mi mensaje desde Marruecos al continente americano es un mensaje de fraternidad y unidad humana:

Para fraternalizarnos en un espíritu de unidad por la paz, debemos recordar que el océano que nos separa es, al mismo tiempo, el puente que nos une. Transformemos nuestras diferencias en riqueza compartida y alcemos juntos la bandera de la humanidad, convencidos de que el futuro seguro solo puede construirse con la paz, y que la tierra tiene espacio para todos en el amor y la cooperación.


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 La paz como fundamento del florecimiento humano


La paz es la aspiración más elevada de la humanidad desde el amanecer de la historia. No es simplemente la ausencia de guerras ni el silencio momentáneo de los tambores del conflicto, sino un estado vivo, una conquista ética y cívica que otorga a las sociedades la capacidad de respirar, de imaginar y de crear. Sin paz, las semillas del progreso permanecen inertes, sin encontrar la tierra fértil para crecer. Con la paz, en cambio, florecen los valores, el conocimiento y las esperanzas de un futuro digno para el ser humano.




 Jakhongir NOMOZOV

«THE THIRD MILLENNIUM WILL BE A SYNTHESIS OF RELIGION AND SCIENCE»



Our interlocutor is Asad Jakhongir — Chairman of the Center for Literary Translation and International Relations of the Azerbaijan Writers’ Union, literary critic, prominent poet and translator, laureate of the Shakhmar Akbarzadeh Jalaluddin Rumi International Poetry Award and the Yashar Garayev “Golden Word” Literary Prize.


– Your essay “The Voice” feels like a new stage in your literary journey.

 In terms of style and direction, it seems to mark a novelty in the essay genre.

 What kind of transformation did writing this essay bring to your creativity and inner world?


– Thank you for valuing an essay I wrote back in 1999, in my youth. Initially, I intended to write on an entirely different subject, but the subconscious stream drew me toward Karabakh. At that time, Karabakh was under occupation and was our most pressing national problem. For this essay I was awarded the title “Critic of the Year” by the Azerbaijan Writers’ Union. 

The literary community first came to know me through it.

As for my inner world — the painful transformation had begun six or seven years before writing the essay. Through this process, I returned from Soviet atheism to our sacred religious faith, like millions of others, and came to truly know myself and recognize God. 

The essay was born as an expression of this spiritual turning point.

 It was not the cause but the result of that transformation.

I believe the Karabakh war was a punishment meant to turn us away from communist delusions and back toward divine faith on a national level. If I had not gone through this inner transformation — if I had not endured this “punishment” myself — I would not have been able to write about the collective transformation of our people. “The Voice” was both an individual and a national confession of sin, an act of repentance, a prayer.


– In the essay, the triad of “voice – word – color” unites at various levels. 

Which, in your opinion, expresses life most deeply: word, voice, or color?


– The word is God, the voice is His creative energy, and color is the materialization of this energy. 

The word is the creator, the voice is creation, and the color is the created. 

The word is cause, the voice is the link between cause and effect, and the color is the effect.

For a plant to sprout, sunlight must fall upon it; for light to fall, the sun must exist. The word is the sun, the voice its ray, and the color the plant itself. Without one, the others cannot exist. Life is in the unity of these three.



– In literature, the Karabakh theme is often treated with grief, loss, suffering, and sorrow. 

Yet you wrote with a completely different spirit — the reader feels exaltation, a divine strength. 

Where did you find the power to write about such a heavy subject in such a high spirit?


– The source of my optimism is my faith in divine justice. I believed that God would resolve the Karabakh war, in which we were dragged against our will, with justice. 

The outcome of events showed that my faith was not mistaken.


– In your essays, the genre combines literary criticism, prose, and even poetry. What does it take to masterfully unite so many forms within a single essay?


– I wrote my first poem at ten and my first article after twenty, when I was a student of philology at Baku State University. So, the synthesis of literary and artistic thought in my writing is natural. The essay, by its integrative nature, is closest to this synthesis and is very dear to me. Poetic thought is innate — you write poems beyond your own will. Literary thought, however, requires much reading and cultivation.


– Sufi sages say: “Voice is the first breath of the universe.” How, in your view, can a writer’s voice speak to the cosmos?


– The cosmos — stars, planets, trees, birds, stones — is constantly speaking to us, transmitting information. Existence itself flows in this endless stream of communication. Yet the dialogue is one-sided: the cosmos speaks, but we do not hear.

This means we do not hear ourselves; our inner ear is closed, our antenna cannot capture those voices.

In ancient times, people could hear the cosmos. As Socrates said, voices would rise from our hearts. That is why early humanity regarded everything as alive, striving for direct dialogue with nature, cosmos, and God. In the epic “Dede Gorgud”, when Khan Ghazan speaks to water, trees, dogs, wolves — it is an expression of that dialogue.

Over time, humans lost this transpersonal ability. Today, whoever regains it becomes a poet — one who can hear the voices within.

 In moments of inspiration, the poet’s inner ear opens, he falls into a mysterious current, becomes another person. Poetry is metamorphosis, fever. True poems are not written with rational, “healthy” thinking — the poet must lose his reason to create. Plato called it ecstasy, divine frenzy.

When the poem is complete, the voices fade, and the poet returns to his ordinary state, carrying once again the same rational mind as everyone else. Of course, I speak of true poets, true poetry, and true inspiration.


– American psychologist Dawkins interprets these inner voices as information transmitted from one hemisphere of the brain to the other…


– Dawkins is not alone; many scientists hold similar views. But such conclusions arise from a materialist worldview. They fail to see that the voice comes not from the brain but from the soul. The brain is merely an instrument of the soul.

Think of a piano: without the pianist’s touch, it cannot produce sound. The pianist is the soul, the piano the brain. Dawkins sees the piano but not the pianist behind it. Hence such simplistic, fabricated ideas — the hallmark of scientific ignorance. Sometimes one may read much and still remain ignorant. Unfortunately, in Azerbaijan’s intellectual and literary circles too, there are many such “educated ignoramuses.”


– And what, in your view, is the cause of this “ignorance”?


– There are extensive and intensive causes. Extensively, their perspective is narrow — they cannot look beyond their time into the broader history of thought. If they could, they would see that the first millennium belonged to religion — the divine thesis; the second millennium to science — the human antithesis. The third millennium will unite the two in synthesis.

Atheist-materialist thinking is a leftover from the last millennium, a rudiment of the eras of Diderot, d’Alembert, Helvétius, Darwin, Comte, and Spencer. The intensive cause is their ignorance of the soul’s existence.


– In your opinion, can those who cannot hear the inner voices still write poetry?


– Certainly, they can write — just as one can write scientific monographs without hearing such voices. But as those authors are not true scientists, so too these poets are not true poets but imitators, epigones. Their poems are not true poetry but imitation. Their source of inspiration is another’s book. Their “poetry” is lifeless.

In the language of classical divan poetry: they are not “ashina” (intimate) but “biganə” (estranged). Today this estrangement grows stronger. Postmodern thought even normalizes epigonism and plagiarism. This denies the importance of talent, claiming that “anyone can write.” Andy Warhol, for example, said there was no need to be Leonardo da Vinci anymore — one could simply reproduce and distribute Mona Lisa’s photo. But that reproduction is not the original Mona Lisa; on a deeper level, it symbolizes humanity’s estrangement from the Original of all — God. We live in an era of simulacra.



– What is the primary task of literary criticism: to explain a work to readers, or to highlight its strengths and weaknesses?


– The task of criticism is to translate a work from the language of art into the language of science. 

The artistic word is wrapped in metaphorical mist, full of multiple meanings.

Take any couplet of Fuzuli — it can be understood in several ways, sometimes even contradictory. For instance:

For the lover, giving life with passion is no difficulty,

Since you are the Messiah of the time, giving life is easy for you.

Here, “giving life” means both to die and to revive. 

Criticism removes the metaphorical mist, bringing the text into clear thought and unambiguous meaning. Art is credit, which the reader may or may not grasp. Criticism makes that credit cash.

Indeed, the word “criticism” in Arabic means “to make cash.” The critic is the one who makes credit into real currency.


– How significant is the master–disciple tradition for you, and how does it continue today?


– The master–disciple relationship is vital — the foundation for literature’s future growth. Its last representatives in our tradition were Seyid Azim Shirvani, a great divan poet of the 19th century, and Mirza Alakbar Sabir, the genius of satirical verse.

Sаid Azim gifted his student Sabir a copy of Nizami’s Khamsa with the note: 

“I hope you will advance in poetry.”

But the Soviet regime, seeking to sever all ties with the past, also wanted to abolish this tradition.

 Now Lenin was to be everyone’s “master.” Poet Samad Vurgun even wrote:

I look into Lenin’s books

So as not to fall behind the group.

In the 1920s, “proletkult” ideas rejected classical literature and music, leading to slogans like “Down with Fuzuli! Down with mugham! Down with the tar!” 

Some young Komsomol poets even played a role in the repression of great masters like Khuseyn Javid and Akhmad Javad in 1937.

The long-standing tensions between the older and younger generations of writers today, I believe, still stem partly from this subconscious Soviet influence. Sometimes you see a young writer calling someone only a few years older “ustad,” but it feels like imitation — a game rather than a true relationship.

As for myself, three great Azerbaijani philologists shaped my thinking: Yashar Garayev, Kamal Abdulla, and Nizami Jafarov. From the first two I learned through their books; from academician Nizami Jafarov I also received direct instruction in Turkology at Baku State University.

 Despite the unavoidable revisions brought by age, they remain my masters.


– In your opinion, which directions should dominate the development of Azerbaijani literature?


– Writing has only one direction: from left to right.

Yet you have written extensively on postmodernism, and you were the first to introduce this concept into Azerbaijani literature.

 I devoted nearly ten years to studying postmodernism, translating works of Carroll (USA), Adelheim (Poland), as well as Russian scholars like Dugin, Andreyev, Ilyin, and Nikitina into our language. I have no regrets — these writings outlined new theoretical directions for our literature.

Thanks to them, Kamal Abdulla’s novel “Incomplete Manuscript”, written with postmodernist methods, brought Azerbaijani literature to the doorstep of the Nobel Prize — for the first and so far only time. 

He is our Umberto Eco.

oday, writers like Murad Kohneqala, Hamid Herischi, and Ilgar Fakhmi mostly belong to this orientation. 

But every creative direction, including postmodernism, is transient; talent, however, is as old as the world itself. 

Whatever direction a writer chooses, if he has talent, he will be read and loved, enriching both his nation’s and humanity’s spiritual treasury.

 For me, the chief criterion is talent — not whether one is realist, modernist, or postmodernist.


– On an international scale, what activities does the Center for Literary Translation and International Relations of the Writers’ Union undertake to strengthen intercultural dialogue?


– Today’s world is one of global integration. Intercultural dialogue is of great importance. 

Naturally, the Azerbaijan Writers’ Union pays special attention to this matter.

As the Center, we strive to fulfill our part. A book of People’s Writer Anar’s poems translated into Russian is ready for publication. 

We are preparing to publish translations from Korean, Uzbek, and Kazakh literature. By the end of the year, God willing, these books will be out. Soon, novels by the distinguished Azerbaijani writer Aziz Jafarzadeh will also be translated into Uzbek.


– What should writers and poets do today to strengthen peace and solidarity among nations?


– If a writer directly engages in politics, say by aspiring to become a deputy, it signals creative exhaustion. A writer must express his political views through his works.


Tolstoy wrote: “In the Battle of Borodino, the French proved they deserved victory, while the Russians showed they were invincible.” This was not a diplomatic gesture to please both sides, but a heartfelt conviction — a truth absent from history books. That is why War and Peace is embraced by both Russians and French.

Similarly, Remarque with All Quiet on the Western Front and Hemingway with For Whom the Bell Tolls and A Farewell to Arms stood in the same position — against war itself.

From Azerbaijani literature, Kamil Afsaroglu’s novel “Dog’s Blood” shows that war, regardless of victors or losers, is humanity’s defeat through barbarity. Armenian writer Levon Khechoyan, too, in his story about a burned Azerbaijani village, has one of the occupying soldiers cry out: “Was this what we wanted?!”

The writer’s duty is to tell the truth. In the face of truth, both sides fall silent — and peace begins with that silence.


– In your work “The Voice”, the individual soul seems to merge with the memory of the nation. What bridge connects the voice of the human soul with the voice of a people?


– A person is connected to God through the soul, to the nation through blood, and to parents through the body. The bridge that binds each to the nation is the memory of blood.

This theme has been expressed in various forms in Azerbaijani literature: 

Isa Muganna’s “Ideal”, Sabir Akhmadli’s “Blood Transfusion Station”, Movlud Suleymanli’s “Migration”, and Sabir Rustamkhanli’s “Book of Life”.

In Akhmadli’s anti-Soviet work, the theme appears within a family setting, where the dying mother symbolizes the nation and her children, hesitant to give her blood, symbolize Soviet citizens stripped of national memory. In Suleymanli’s novel, the theme expands — the dreams of a six-year-old boy, Imir, reflect the entire history of the Turkic people, almost an artistic analogue of Jung’s theory of collective unconscious. Muganna’s novel broadens the scope further, to cosmic-metaphysical dimensions. Rustamkhanli’s collection, published before the collapse of the USSR, reflects blood memory in a historical-publicist dimension.

All these works share one idea: a person who loses national memory is no different from animals or inanimate things. The idea finds its most striking expression in Chingiz Aitmatov’s “The Day Lasts More Than a Hundred Years” with the legend of the mankurt.


– In mystical tradition, voice – breath – remembrance (dhikr) are means of reaching divine truth. While writing “The Voice”, did you also touch upon these mystical layers?


– Not only touched — I lived fully within mysticism while writing it. Until twenty, I was an atheist.

 Since then, I have experienced countless mystical events that utterly changed my worldview. “The Voice”, as well as my essays “The Word” and “The Irremovables”, emerged as expressions of that transformation.

In the 1990s, I encountered mystical experiences almost daily, for that era itself seemed wrapped in a mystical aura. Even today, though not as intensely, mysticism remains part of my daily life.


– In writing on the Karabakh theme, you do not only recall the souls of martyrs — you keep them alive. In your view, what kind of immortality does the artistic word bestow upon martyrs?


– Martyrs attain eternity through their martyrdom itself. Our holy book, the Qur’an, affirms this. Artistic word, however, preserves their memory in this world. Thousands of years separate us from Homer’s time, yet the names of his fallen heroes still live and will continue to live as long as the world exists.


– As a critic you have evaluated writers, and as a writer you have evaluated yourself. 

How do you critique your own soul?


– I intend to write a novel titled “Self-Recognition” about my spiritual journey. It will be a memoir, but unlike traditional ones. It will describe not so much external events, but the inner transformations within me. 

God willing, when the book is published, you will see how I critique my own soul.


Jakhongir NOMOZOV, is a young poet and jour

nalist from Uzbekistan.  

He is also a Member of the Union of Journalists of Azerbaijan and the World Young Turkic Writers Union.




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